Una Nacion Injusta

Lunes, 7 Julio   

Hablo de España. Y no me refiero a una injusticia concreta en un acto o en una apreciación, sino a la pérdida del norte de justicia, al olvido de los sentimientos justos y su suplantación por la manía, el encono, el partidismo, el prejuicio y otras modalidades del criterio, tremendas e inconfesables.

Hay que decirlo claramente: que nuestro pueblo no ama la justicia, y no esta justicia, sino ninguna; que no pugna por sustituirla, ni por mejorarla, ni por adaptarla al ensueño o arquetipo de perfección que flote en su mente, sino que se encuentra en estado de indiferencia perfecta, que se va volviendo ajurídico.

Hay cuatro bases en las que apoyamos nuestra consideración o juicio individual:

1) La opinión religiosa y la política. A quien no cree y discurre lo que nosotros, le negamos la sal y agua.
2) La simpatía o antipatía. Frente al gusto no hay razón que prevalezca. Es una forma mundana de la irracionalidad.
3) La conveniencia. Ante nuestro interés o nuestro deseo, sucumben todas las miras más elevadas.
4) El temperamento protestante y rebelde. Cuando no hay doctrina que nos ciegue, ni antipatía que nos ofusque, ni conveniencia que no embarace, todavía seguimos negando la justicia porque si.

La entraña social es justiciera. La injusticia es epidérmica y se mantiene por faltas de educación y civismo. ¡ Obra muy propia de los Abogados y de sus colegios sería ahondar en los orígenes del mal y esforzarse en remediarlo con campañas de divulgación que devolvieran al cuerpo nacional el amor al sentido jurídico que el escritor Oliver echa de menos.