Leyes Anti Imigracion

Lunes, 7 Julio   

EEUU tiene una larga historia de inmigración. Este país se construyó gracias a una oleada de inmigrantes: mano de obra inmigrante en el campo y las fábricas, que fue la fuerza motriz del rápido desarrollo (incluidos los millones de esclavos “inmigrantes” traídos por la fuerza). No podemos olvidar que la política económica de las empresas estadounidenses ha llevado a toda América Latina y a todo el antiguo mundo colonial a la miseria, provocando un éxodo masivo en busca de una vida mejor.

Como inmigrantes sin derechos, es fácil para la clase dominante conseguir otro “beneficio” de nuestra situación “ilegal”. Nos pueden culpar de todos los males de la sociedad, en particular de los que ellos provocan. Como siempre, su estrategia es desviar, dividir y conquistar.

44 millones de estadounidenses no tienen acceso al cuidado sanitario, los salarios no soportar el ritmo de subida de los precios. En realidad, los trabajadores norteamericanos tienen hoy un 20 por ciento menos de poder adquisitivo que hace treinta años. El endeudamiento y los altos tipos de interés también son una carga colosal sobre la capacidad de la clase obrera de satisfacer sus necesidades. Cientos de miles de empleos cualificados se están destruyendo, sustituidos por empleo mal pagado y sin ningún derecho. La guerra de Iraq está costando 1.000 millones de dólares a la semana, mientras que continúan recortando en educación, sanidad y otros servicios sociales, provocando una situación verdaderamente trágica en las zonas más pobres del país.

Nada de esto tiene que ver con la inmigración. Mientras las empresas incluidas en la lista Fortune 500 consiguen tremendos beneficios, la clase obrera es la que paga la crisis con más miseria, menos derechos y un futuro incierto para sus familias. Todo esto a pesar de trabajar más duro y más tiempo que antes. ¿No se supone que las cosas siempre deben ir mejor?

¿Quiénes son los verdaderos amigos de la clase obrera de América Latina? Hace casi 160 años, Carlos Marx explicó que los trabajadores no tienen patria y escribió su famosa frase. “¡Trabajadores del mundo uníos!” Hoy estas palabras son más relevantes que nunca.

¿Quién más puede ayudarnos? ¿Los senadores o congresistas? Incluso aunque algunos pocos sinceramente defendieran los derechos de los trabajadores y los inmigrantes, la realidad es que bajo el capitalismo, “democracia” significa que un puñado de empresarios adinerados controlan el gobierno. Ellos no van a apoyar leyes que recorten sus beneficios. No tienen contacto con las personas que teóricamente representan. ¿Cómo se puede explicar su política reaccionaria en educación y sanidad, o su apoyo a una guerra impopular como la de Iraq? La única forma de hacer oír nuestras voces es en las calles, en nuestras escuelas, centros de trabajo y barrios.
El único lenguaje que estas personas entienden es el lenguaje de la fuerza. Necesitamos organizarnos y dejar claro que nos negamos a aceptar la continuación de estos ataques a nuestros derechos, salarios, condiciones y dignidad.